Capítulo 5 - El Concilio de Jerusalén

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Capítulo 5

 

El Concilio de Jerusalén[1]

 

          Es obvio que Jesús mismo no tenía intenciones de crear una nueva religión. Tampoco era la intención de Santiago, ni la del Movimiento Nazareno de Jerusalén. La sola idea les habría horrorizado considerándola la más grave blasfemia. Ellos eran, al igual que Jesús, judíos devotos, trabajando y predicando dentro del contexto de la más pura tradición judía. Es cierto que buscaban renovar ciertas observancias, además de ciertas reformas y ciertos cambios políticos. Querían, además, purificar su religión de ciertos elementos extraños recientemente adquiridos por los judíos; y querían restaurar su pureza original. Pero ni siquiera habían soñado en crear una nueva forma de creencia que podía convertirse en rival del judaísmo - O peor aún, su persecutor.

 

          Entre el año 35 y 36 DC, hubo un levantamiento en Samaria, dirigido por un Mesías samaritano. Esta revolución fue cruelmente sofocada, y muchos samaritanos, incluyendo los líderes, fueron exterminados en el proceso. Mientras tanto, la persecución a los seguidores de Jesús parece haberse intensificado. En el año 36 DC, por ejemplo; Esteban, usualmente honrado como el primer mártir del Cristianismo - Aunque él se veía a sí mismo como un judío piadoso -, fue apedreado a muerte en Jerusalén, y muchos nazarenos abandonaron la ciudad. Pero ya en ese entonces, apenas un año y medio después de la Ascensión de Jesús, ya debían estar bastante extendidos y ser muy numerosos; porque Pablo, actuando en nombre de los sacerdotes saduceos y armado con órdenes de arresto del Sumo Sacerdote, se dedica a cazarlos, llegando hasta Damasco en su persecución.[2]

 

          Los saduceos en tiempos de los Macabeos fueron, sin duda, un grupo de fieles seguidores de la Ley. Sin embargo, los saduceos organizados por Herodes eran muy diferentes. Estaban firmemente alineados con el monarca usurpador. Gozaban de una fácil y confortable vida de prestigio y privilegios. Ejercitaban un lucrativo monopolio sobre el Templo y todo lo relacionado con éste. Y no tenían idea alguna del ‘Celo por la ley’. Israel se encontraba por entonces bajo el yugo de una monarquía corrupta e ilegítima y de un sacerdocio igual de corrupto e ilegítimo; ambos, al fin y al cabo, eran instrumentos de la Roma pagana.[3]

 

          Alrededor del año 38 DC, Jesús era abiertamente proclamado como el Mesías - No el hijo de Dios, sino el rey justo y ungido - por refugiados nazarenos, o tal vez comunidades establecidas, tan lejos como Antioquía, por ejemplo. Y fue allí, en la lejana capital Siria al norte de Damasco, que el término ‘cristiano’ empezó a usarse. Hasta entonces se les llamaba simplemente ‘nazarenos’. Y siguieron siendo llamados nazarenos en otros lugares por muchos años, especialmente en Jerusalén.

 

          Ya en el año 38 DC, encuentran una bien establecida autoridad central nazarena en Jerusalén. Esta Jefatura sería llamada por cronistas posteriores ‘La Iglesia Primitiva’. El más famoso de sus miembros era, naturalmente, Pedro. Sin embargo, la cabeza oficial de esta Iglesia era Jacobo, el ‘hermano’ de Jesús, y esto es algo que las tradiciones tardías maliciosamente desdeñan. Jacobo sería posteriormente conocido como Santiago. Pero lo significativo es que sea Santiago ‘hermano’ de Jesús, y no Pedro, quien preside sobre esta Iglesia de Jerusalén.

 

          Aunque el libro “Hechos de los Apóstoles” no establece explícitamente que Santiago fuese el líder de la comunidad en Jerusalén, le da un rol prominente en Hechos 15:13-21 y 21:18, este último claramente dice:

 

“Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Santiago, y se hallaban reunidos todos los ancianos.”

 

          Esto pone a los ancianos en una posición subordinada con respecto a Santiago. Pablo, en su carta a los gálatas declara: “Y reconociendo la gracia que me había sido dada, Santiago, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra...”. Más adelante, la misma carta (Gal.2:11-12) nos muestra claramente que Pedro estaba subordinado a Santiago, cuando declara que Pedro fue a Antioquía por orden de Santiago. Algunos autores posteriores de la Iglesia denominan explícitamente a Santiago “líder de los primitivos cristianos.”[4]

        

 

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[1]Baigent y Leigh, The Dead Sea Scrolls Deception,p.180-187.Adaptado en parte.

[2]Baigent, Leigh y Lincoln, The Messianic Legacy, pp.70-72.

[3]Baigent y Leigh, ob.cit.,p.203.

[4]Idem,p.251.
 

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