Una invitación a la fe en Dios _ la parte II

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Completamos el resto de la investigación titulada “Una invitación a la fe en Dios”

Cuarto: Las probabilidades matemáticas del azar para la creación de la vida son totalmente inexistentes:

 

La creación de una célula viva tan pronto como la interacción de la luz solar con la arcilla, como dicen los ateos de los propietarios de la teoría de la evolución orgánica, está más allá de la imaginación, debido a que las experiencias prácticas han demostrado la imposibilidad del azar en la formación de los bloques de construcción de una célula viva, que son  "las moléculas de proteínas", al contrario, es imposible que se forma  una molécula de las moléculas de aminoácidos, que son bloques de construcción de las moléculas de proteína, al azar. Una molécula de las moléculas de aminoácidos se compone principalmente de cinco componentes, a saber, carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, y azufre, y se puede añadir a ellos el fósforo. La selección de estos elementos por azar (de más de un centenar de elementos conocidos por el hombre) necesita una materia cuya cantidad tiene que ser múltiplos de los múltiplos de la cantidad de las materias del universo perspectivo, en un tiempo igual a la edad del universo estimado entre (13 y 15 millones de años) multiplicado por una cifra astronómica, por lo que es estadísticamente imposible.

Por otra parte, los átomos de una molécula de los aminoácidos se ordenan, dentro de los cuerpos de todos los seres vivos, a la izquierda del átomo de carbono, si el objeto está muerto, estas moléculas reorganizan el orden de sus átomos en un orden derecho a un ritmo constante que ayuda a determinar el momento de la muerte por el cálculo de la proporción del orden derecho para el orden izquierdo de los aminoácidos almacenados en la composición de los residuos remanentes del cuerpo de este objeto; lo que desconcierta a los científicos,  tanto de la célula viva como de la química orgánica hoy en día, donde no pueden tener una explicación; este fenómeno se llama "Racemización de los aminoácidos: el fenómeno de cambio de direcciones de los aminoácidos" (Racemization of  the aminoacids).

Los aminoácidos son sustancias rígidas, no vivas, amorfas, y fácilmente solubles en agua, en la mayoría de los casos. Si asumimos su autoformación, y esto es imposible, se disolverían en medio del agua en el que se formaron y se perderían si no se aíslan de él inmediatamente después de su formación.

Además, los aminoácidos adecuados a la construcción de las moléculas de proteína deben ser de un tipo especial conocido como "tipo alfa", y se exige que los átomos se dispongan alrededor del átomo de carbono en un orden izquierdo, y que las moléculas de aminoácidos mismas se dispongan también en orden izquierdo dentro de las moléculas de proteína, y que se vinculen entre sí con un vínculo especial conocido como “vínculo peptídico” (peptide bond). En otra parte, los aminoácidos capaces de construir moléculas de proteína son sólo veinte aminoácidos entre los millones de aminoácidos conocidos. Estas restricciones en forma conjunta o individual, la hacen una cosa imposible la formación de una molécula de proteína solo por casualidad... Si esto es imposible, será imposible la formación de una célula viva, por casualidad, sobre todo si sabemos que esta célula en el cuerpo humano no exceda la longitud de diámetro en promedio (-,03), y está tan compleja en la construcción que está más allá de todos los conocimientos científicos y técnicos establecidos en las fabricas, más bien, lo que imaginaron y no pudieron aún aplicarlo. Basta con referirse a la capacidad de esta célula viva para producir doscientos mil tipos de proteínas de composición compleja, y de construcción diligente, y de las cuales el hombre conoce más de un millón de especies, cada tipo es una serie bien construida y bien organizada, y con vinculación de los aminoácidos, y no todos son válidos para la construcción de los cuerpos de los seres vivos...

Quinto: La unidad de construcción en la creación se refiere a la unidad del Creador:

 

Si pasamos de los seres vivos a objetos inanimados, encontramos que el universo físico en el que vivimos -con su plena amplitud, la multiplicidad de sus cuerpos celestes, su intensa vinculación, la regularidad de sus movimientos, y la coherencia de sus manifestaciones- se remonta a cuatros componentes que son: Materia, energía, espacio y tiempo. La materia -con sus diferentes formas- se devuelve al mismo origen que es el gas de hidrógeno; y la energía –con la multiplicidad de sus formas- se devuelve a la gran gravedad; y el bombardeo del átomo demostró qua la materia y la energía son una misma cosa, como demostró que el tiempo y el espacio son dos cosas relacionadas, no hay ningún espacio sin tiempo, ni tiempo sin espacio. Y así se degradan los componentes del universo perspectivo a una sola cosa que no sabemos que es, pero presenta la gran unidad de toda la existencia, y esta unidad en la construcción del universo es un testigo a la Unidad, la Divinidad y la Deidad del Creador. Así como la presencia de todas las criaturas (desde los bloques iniciales de la materia hasta el hombre) en pares, es un testimonio claro de la unicidad del monoteísmo absoluto del Creador –el Todopoderoso- sobre toda Su creación.

Sexto: La creación del universo y la criatura que contiene hace hincapié en la inevitabilidad de la otra vida:

 

Todos los conocimientos adquiridos indican que el universo y todos sus componentes no pueden ser descritos como eternales, vemos que la muerte recoge todo en nuestra vida: Humano, animal, planta, y las diversas formas de los objetos inanimados; todo lo que existe tiene fin, ya sea larga o corta su existencia. Y el universo tuvo un origen, en el principio, que los científicos están tratando de estimarlo entre (13 y 15) millones de años, y todo lo que tiene inicio, tiene fin, y dejará de existir a finales de este término; por lo tanto, nuestro universo debe tener, en un día, un fin; y esto es lo que subraya el carácter inevitable de la otra vida y su necesidad. Las evidencias de esto son muchas, incluyendo la muerte de los vivos y objetos inanimados. Y la muerte de los seres vivos es famosa y conocida, y es una de las grandes verdades de la existencia; y de las evidencias de la muerte de los objetos inanimados: lo que vemos en la página celestial desde el nacimiento de las estrellas, pasando por su arrollamiento, su contracción, luego su obliteración, y luego su muerte; y lo que vemos del nacimiento de los planetas y su difusión, el gran número de los cometas y meteoritos, y una disminución en todos los activos del universo, hasta desaparecerse. Nuestro sol pierde de su masa, en forma de energía, cada segundo de los segundos de su existencia el equivalente de (4,6 millones) de toneladas de materia, lo que indica la inevitabilidad de su muerte y la muerte de todas las estrellas a su alrededor, pero también su muerte será el orden de Dios: "¡Se! y es", debido a que las leyes de la resurrección son diferentes de las leyes monótonas y lentas de este mundo, porque la resurrección vendrá con el orden de Dios de repente, como está descrita en las palabras de Dios, Bendecido y Exaltado, en el Sagrado Corán:

(Abruma en los cielos y en la tierra. No vendrá a vosotros sino de repente». Te preguntan a ti como si estuvieras bien enterado. Di: «Sólo Allah tiene conocimiento de ella». Pero la mayoría de los hombres no saben). Sura Al Aaraf, Aleya 187.

Además, los estudios astronómicos han demostrado el alejamiento de la luna a la tierra a un ritmo de (3 - 4 cm) en cada año, que se refiere a la inevitabilidad de que el sol lo tragará, aunque no se hará con esas leyes lentas, pero con el orden Divino: "¡Se! y es", sin esperar a la labor de esta ley universal lenta que la mantuvo el Creador (El Todopoderoso) como testigo de la inevitabilidad de la destrucción del orden cósmico, comenzando con el tragar del sol a la luna, como nuestro Señor (Bendecido y Exaltado) nos informó hace mil cuatrocientos años, Él dijo:

(Se reúnan el sol y la luna), Sura Al Qiyama (del Levantamiento), Aleya: 9.

De las evidencias inequívocas de la inevitabilidad de la propia destrucción del universo, a pesar de su larga vida, la transferencia del calor de los cuerpos celestes calientes, como las estrellas, a los cuerpos celestes fríos como las planetas, los asteroides, los cometas y los satélites; y la lógica científica, dice que el proceso de la transferencia del calor debe terminarse con la destrucción del universo.

Séptimo: la capacidad limitada de los humanos, sensorial y mental, hace hincapié la verdad del oculto:

 

Reconociendo que la mente es de las más grandes bendiciones de Dios a los humanos, y como agradecimiento por esta bendición, utilizarla para máximo potencial; Sin embargo, se debe reconocer la limitada capacidad de los humanos con los límites del lugar y el tiempo, y la capacidad de sus sentidos y su mente. Partiendo de esto, hay que reconocer que todos los conocimientos adquiridos son sólo un intento humano de explicar el universo y sus manifestaciones, para la detección de una serie de leyes Divinas que lo rigen, y utilizarlas para la reconstrucción de la tierra y en los deberes de su sucesión; en cuanto a lo que está más allá de la materia, es lo oculto que ningún hombre puede encontrar su oscurecida por la limitada capacidad de su mente y de sus sentidos, y la limitada de su espacio en el universo y de su tiempo (es decir su muerte); por lo tanto, el hombre necesita, para saber algo de lo oculto, a un conocimiento más grande que su conocimiento, y no puede alcanzar a este conocimiento sólo con lo que el Creador lo enseño; esto es algo que hace hincapié en la necesidad humana de siempre a la religión que es una declaración de Dios el Todopoderoso al hombre en las cuestiones las cuales nuestro Señor (Bendecido y Exaltado) sabe, con su pleno conocimiento, la incapacidad humana total en establecer cualquier controles correctos para sí mismo en ellas. Y las realidades de la religión responden a las muchas preguntas que reverberan en la mente humana, sea cultivado o no, con larga vida o no, con buena situación social o no; tales como: ¿Quién soy yo? ¿Quién me ha hecho venido en esta vida? ¿Cuál es mi mensaje en ella? ¿Cómo puedo realizar este mensaje? Entonces, ¿cuál es mi destino después de esta vida?

Si una persona no ha tenido éxito en encontrar respuestas correctas a estas preguntas, no será posible para él vivir en esta tierra una vida estable, o lograr el objetivo de su existencia en su superficie, o estar satisfecho de sí mismo... Y una persona en este caso, obligatoriamente,  vive en ansiedad, confusión, sin rumbo sólo los placeres materiales muy transitorias, los que -en la mayoría de los casos– son la causa de que la persona cae en muchas infracciones disciplinarias, y violaciones de la moral, abusos de ética y injusticias para él mismo como para los demás: (individuales y grupos) especialmente en el frenesí de la juventud, y en la tiranía del prestigio, y la tiranía de otras cosas de las causas de la fuerza física, aunque a menudo acaba con la venganza del poder dominante de Dios sobre todo, o con la debilidad en las etapas de la edad adulta y la vejez, y con los sentimientos acumulados de angustia, remordimiento, ansiedad,  miedo, confusión, y pérdida en la espera de la muerte inevitable, y el destino oculto, sin esperanza en un futuro después de la muerte por lo cual no trabajó nada en su vida que la perdió sin objetivo específico; Por ello, una vez más, la necesidad del hombre a la religión.

 

 

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