¿Por qué las mujeres musulmanas usan el Hiyab?

Dr. Ahmad Abdo

La palabra Hiyab deriva de la palabra árabe “Hayaba”, que significa ocultar o cubrir. En el contexto islámico, Hiyab se refiere al código de vestimenta para las mujeres musulmanas que han llegado a la pubertad. Es el requisito de cubrir el pudor de la mujer (todo el cuerpo a excepción del rostro y las manos). Sin embargo, el Hiyab no se trata sólo de la apariencia externa, sino también de la buena palabra y la conducta digna.

Éste ofrece grandes beneficios y es ante todo un mandato de Al-lah, por lo tanto, llevarlo es un acto de fe:

“¡Oh, Profeta! Dile a tus mujeres, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran [todo el cuerpo] con sus mantos; es mejor para que se las reconozca y no sean molestadas. Al-lah es Absolvedor, Misericordioso.”

(Sagrado Corán, 33:59)


El Islam promueve la modestia y la decencia, y procura minimizar la inmoralidad dentro de la sociedad. El Hiyab, entre otras cosas, ayuda a lograr este objetivo.

La sabiduría tras el Hiyab es minimizar la incitación sexual y la degradación moral en la sociedad, tanto para los hombres como para las mujeres. Imaginemos que encontramos dos caramelos, uno en su envoltorio y el otro completamente expuesto (sin su envoltorio) ¿Cuál elegirías? Claramente sería el que se encuentra cubierto, ya que te da la tranquilidad de que no ha sido expuesto y de que lo que hay dentro es lo esperado. Así mismo, el Hiyab contribuye a que se aprecie a la mujer por sus atributos internos y no por su exterior, otorgando a las mujeres respeto por lo que son, en lugar de ser juzgadas y queridas por estándares superficiales como la apariencia. Esto le brinda el poder de dar forma a su propia dignidad a través de estándares más significativos como la religiosidad, la rectitud, el conocimiento y la contribución a la sociedad, en lugar de tener una sociedad consumista que dicta su valía a través de medios materiales, como su apariencia o su riqueza.

 Lamentablemente hoy en día la mayoría de las sociedades enseñan a la mujer desde la infancia que su valía es proporcional a su atractivo. Se ven obligadas a seguir estándares de belleza poco realistas y degradantes a fin de satisfacer la presión irracional y las expectativas 

de la comunidad. En un ambiente tan superficial, en el que se pone tanto énfasis al exterior, la belleza interior del individuo cuenta muy poco.


El Islam, sin embargo, enseña que una mujer debe ser respetada de acuerdo a su carácter y acciones virtuosas, en lugar de su aspecto o cualidades físicas. Ella no tiene que utilizar su cuerpo y encantos para obtener reconocimientos o aceptación en la sociedad. Además, el Hiyab forma parte de la identidad de la mujer musulmana y de las mujeres rectas y creyentes de la historia como María madre de Jesús. Lejos de ser opresivo, el Hiyab es un acto de liberación, pureza, y lo más importante, de creencia.


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